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Contra el materialismo

En nuestro mundo hay muchas cosas que no son materiales.

Daniel Iglesias Grèzes

El ateísmo materialista es hoy una cosmovisión muy influyente, especialmente entre los científicos e intelectuales. El materialismo es la doctrina que afirma que todo lo que existe es material. Mi propósito en este artículo es presentar brevemente un argumento contra el materialismo, basándome en parte en: J. M. Bochenski, Introducción al pensamiento filosófico, Editorial Herder, Barcelona, 1986, pp. 9-20.

En nuestro mundo hay muchas cosas que no son materiales: la ley, la información, el conocimiento, la libertad, la verdad, el bien, etc. Centremos nuestra atención en la ley.

Los entes materiales están en un lugar y un tiempo determinados, tienen un principio y un fin, cambian, son individuales y contingentes. En cambio las leyes (metafísicas1, lógicas, matemáticas o naturales) no tienen ninguna de esas propiedades. No están restringidas a un lugar o un tiempo determinados, no comienzan ni dejan de existir, no cambian, son generales y necesarias. Las leyes son pues algo muy problemático para el materialismo.

La primera respuesta de los materialistas al problema de la ley es la dada por David Hume y sus seguidores, los empiristas. En realidad las leyes no existirían. Serían ficciones de nuestro pensamiento. Al ver que, si soltamos una piedra, con frecuencia ésta cae al suelo, nos acostumbramos a pensar que esto ha de ser así; y para explicar esa supuesta característica de la naturaleza inventamos (por medio de Isaac Newton) la ley de la gravitación universal.

La objeción más obvia a esta doctrina empirista es que no explica por qué las leyes, pese a ser sólo hábitos mentales del hombre, rigen realmente en el mundo. Cuando un grupo de matemáticos y físicos, aplicando la ley de la gravitación y otras leyes, calcula la trayectoria de una nave espacial, y sus cálculos se verifican mediante un descenso de la nave en el lugar exacto de Marte fijado como destino del viaje, ¿cómo es posible que sus hábitos mentales determinen los movimientos de una nave y de un planeta?

Para no caer en la monstruosa doctrina del escepticismo (nada existe; o si existe algo no lo podemos conocer), los materialistas a veces se dejan llevar hasta el otro extremo del péndulo y abrazan de algún modo el idealismo, la doctrina más opuesta al materialismo. Según el idealismo, nuestro pensamiento crea al mundo o impone a éste nuestras propias leyes subjetivas. Pero esta solución, que en el fondo tiende al panteísmo, parece absurda a la mayoría de los seres humanos, e incluso a la mayoría de los materialistas.

La solución más sensata al problema de la ley es la de la filosofía realista, que coincide con el sentido común de la humanidad. Las leyes existen objetivamente. No dependen de nuestros pensamientos. Podemos descubrirlas, conocerlas mejor o peor, o no conocerlas, pero no crearlas. Además de los entes materiales existe otra categoría de entes, los entes ideales.

No todos los filósofos realistas conciben a los entes ideales de la misma manera. Las dos tendencias principales del realismo filosófico son las representadas por Platón y Aristóteles. El platonismo dice que lo ideal existe independientemente de lo real, en un mundo aparte y superior: el mundo de las ideas. En cambio el aristotelismo dice que lo ideal existe en nuestro mundo dentro de lo real. La fe cristiana exige una filosofía realista, pero ambas tendencias realistas son compatibles con dicha fe: por ejemplo, en filosofía, San Agustín fue platónico y Santo Tomás de Aquino fue aristotélico. Los paganos Platón y Aristóteles afirmaron la existencia de Dios y del alma humana espiritual.

No es verdad que la ciencia demuestre o apoye de algún modo el materialismo. Las ciencias naturales se limitan a estudiar los entes materiales, pero es ilógico negar que algo exista sólo porque no cae dentro del objeto de estudio de esas ciencias.

El materialismo da lugar a una antropología desoladora. Si solo existe la materia, el hombre no es más que un animal más evolucionado2 y, peor aún, un mero conjunto de átomos. No existiría el libre albedrío3; y sin libertad no hay responsabilidad moral.

El materialismo es el mayor error filosófico del marxismo (el materialismo histórico y dialéctico), la ideología que aún esclaviza a tantos millones de personas en China, Corea del Norte, Vietnam, Laos y Cuba y que tanto daño causa en muchos otros países. Pero nuestra civilización occidental sufre mucho también por otras formas de materialismo: por ejemplo, un materialismo práctico4 muy extendido, que devalúa y afea la existencia humana, y que también está emparentado con ideologías «de derecha», como el objetivismo ateo de Ayn Rand, partidaria de un capitalismo radicalmente individualista.

Una de las principales batallas culturales que tenemos ante nosotros los cristianos, los creyentes no cristianos y los no creyentes no materialistas es evitar que el materialismo siga contaminando nuestra sociedad y nuestra cultura.

1) Por ejemplo, el principio de causalidad y el principio de razón suficiente.

2) Entre otras cosas, esto implica que entre educar a un niño y amaestrar a un mono hay sólo una diferencia de grado, no sustancial.

3) ¿Cómo los átomos podrían tomar decisiones libres? ¿Por votación en un parlamento de átomos?

4) Podríamos definirlo como la costumbre de vivir como si la doctrina materialista fuera verdadera.

(Artículo publicado el 09/11/2020 en el diario El Observador de Montevideo).

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