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¿Hacia el fin del aborto legal en Estados Unidos?

Daniel Iglesias Grèzes

Julián Marías escribió que “la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo [XX]”. Se estima que de 1990 en adelante ocurrieron en el mundo unos 50 millones de abortos voluntarios por año. Esto implicó la eliminación deliberada de unos 500 millones de seres humanos inocentes sólo en la última década del siglo XX.

En la Antigüedad el aborto era raro, pero el infanticidio era frecuente. En general se daba a luz al niño y, si no era deseado, se lo mataba. La difusión del cristianismo, con su concepción de la sacralidad de la vida humana, hizo desaparecer casi totalmente ambas prácticas; pero el auge de las ideologías anticristianas en el siglo XIX hizo que el aborto dejara de ser raro en Occidente. Aunque todavía en 1960 los países con aborto legal eran pocos, la revolución sexual y cultural de los años ’60 y ’70 cambió mucho el panorama. En 1973, en su dictamen sobre el caso Roe vs. Wade, la Suprema Corte de los Estados Unidos legalizó el aborto, lo que contribuyó a la difusión del aborto legal en otros países. Desde 1973 hasta hoy se efectuaron unos 59 millones de abortos legales en Estados Unidos, de los que unos 7 millones fueron practicados por la Planned Parenthood Federation of America (PPFA).

La PPFA fue fundada por Margaret Sanger (1879-1966), la mayor promotora del “control de la natalidad” en Norteamérica. Sanger apoyaba la idea de crear una raza superior por medio de nacimientos selectivos. Para ello proponía la esterilización de los minusválidos y “débiles mentales”, grupo que, según ella, abarcaba a un 20 % de la población. La siguiente cita resume su pensamiento: “El aumento de la clase trabajadora debe regularse, ya que se compone de imbéciles benignos, que alientan los elementos defectuosos y enfermizos de la humanidad mediante su irresponsable enjambrar y engendrar. Tenemos que eliminar la ‘maleza humana’, segregar a los imbéciles, desajustados y mal ajustados y esterilizar a las razas genéticamente inferiores” (Margaret Sanger, El eje de la civilización, 1922). Sanger propuso la adopción de un Código Americano del Bebé que habría impuesto a los matrimonios la necesidad de obtener permisos especiales para tener hijos.

Planned Parenthood enfrenta graves problemas legales y de relaciones públicas desde 2015, cuando el Center for Medical Progress (CMP) comenzó a publicar una impactante serie de videos encubiertos que muestran a ejecutivos de la PPFA negociando la venta y regateando el precio de partes de los cuerpos de bebés abortados. Además de documentar muchos casos de grosera insensibilidad y de indecente avidez de dinero de parte de esos ejecutivos, los videos del CMP muestran que la PPFA viola varias leyes, incluyendo las que prohíben la venta de restos de seres humanos abortados. Por esto la PPFA está siendo investigada por el Congreso de los Estados Unidos y por otras organizaciones estatales. A raíz de este gran escándalo, varios Estados retiraron su financiación a Planned Parenthood.

Los problemas de la PPFA se agravaron aún más en 2016, cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales, con un plan de gobierno provida. Personas y entidades íntimamente vinculadas con la PPFA habían contribuido con US$ 16 millones a las campañas de Hillary Clinton y otros candidatos demócratas proabortistas. Después de la derrota de Clinton frente a Trump, la Presidente de la PPFA envió un email a todos los empleados de su organización reconociendo que se sentían devastados, enojados y tristes por el resultado electoral.

Pocos días después de iniciar su mandato, el Presidente Trump prohibió la utilización de fondos federales para promover el aborto fuera de los Estados Unidos. El mayor temor de los proabortistas norteamericanos no es que Trump cumpla su promesa de campaña de eliminar la financiación federal de la PPFA, sino que consiga remodelar la Suprema Corte de los Estados Unidos dándole una mayoría conservadora. Ya nombró un miembro de esa Corte: el Juez Neil Gorsuch, decididamente provida. Actualmente la Suprema Corte tiene cuatro miembros “liberales” (es decir progresistas), cuatro conservadores y uno “centrista”: el Juez Anthony Kennedy, que a menudo inclina la balanza de la Corte en uno u otro sentido. El Juez Kennedy defiende el supuesto derecho al aborto, tiene 80 años y se espera que renuncie a la Corte en algún momento del mandato de Trump; y además la Jueza Ruth Bader Ginsburg, muy liberal, tiene 84 años, por lo que es probable que deje otra vacante a mediano plazo. Esto daría a Trump la posibilidad de nombrar a uno o dos miembros conservadores adicionales. Dado que los miembros de la Suprema Corte son vitalicios, esto podría cambiar la tendencia de la Corte durante décadas. En ese escenario, la reversión del dictamen de Roe vs. Wade podría producirse relativamente pronto, lo que tendría un gran impacto favorable a la causa provida en todo el mundo.

(Artículo publicado originalmente el 20/09/2017 en el diario El Observador de Montevideo, bajo el pseudónimo “Bonifacio de Córdoba”).

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