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El gran secreto del Islam

Daniel Iglesias Grèzes

Reseña de: Odon Lafontaine (Olaf), Le grand secret de l’Islam. L’histoire cachée de l’islam révélée par la recherche historique [El gran secreto del Islam. La historia oculta del islam revelada por la investigación histórica], Paris 2015.1

En esta interesantísima obra (cuya cuarta edición, de 2020, tiene 141 páginas), el autor realiza un ejercicio de divulgación y desarrollo de una tesis doctoral en Teología y en Historia de las Religiones: Edouard-Marie Gallez, Le Messie et son Prophète, 2 tomes, Editions de Paris, 2005-2010. A su vez la tesis de Gallez es una síntesis del estudio histórico-crítico del Corán y del origen del Islam llevado a cabo por varias generaciones de islamólogos.

En primer término Lafontaine presenta la historia del Islam según la historiografía musulmana y un resumen de lo más esencial del dogma musulmán. Luego retrocede en el tiempo y narra el origen del cristianismo y de dos desviaciones post-cristianas: las corrientes gnósticas, que buscaban la auto-realización personal mediante el conocimiento, y el mesianismo global, que quería establecer el Reino de Dios en el mundo entero, mediante un programa político-religioso de erradicación de los malvados, guiado por el Mesías.

Después de la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70, algunos judeocristianos se separaron de la fe de los Apóstoles y formaron el grupo que el autor llama “judeonazarenos” y que los Padres de la Iglesia llamaron “ebionitas”. Desde el punto de vista étnico, los judeonazarenos eran judíos; desde el punto de vista religioso, los judeonazarenos constituían una herejía cristiana. Se consideraban a sí mismos como los verdaderos judíos y los verdaderos cristianos. Rechazaban la divinidad de Cristo y la Santísima Trinidad, la muerte de Cristo en la Cruz y su resurrección. Aceptaban como Sagrada Escritura sólo la Torah (o Pentateuco) y un Evangelio de Mateo adulterado (el apócrifo Evangelio de los Hebreos). Rechazaron el resto de la Biblia y también el Talmud del judaísmo rabínico. Esperaban la reconstrucción del Templo de Jerusalén y el retorno del Mesías Jesús, que establecería un Reino de Dios temporal en toda la tierra, con los judeonazarenos como colaboradores principales.

Pese a ser una pequeña minoría, los judeonazarenos sobrevivieron durante varios siglos e intentaron la conquista de Jerusalén en el siglo III. En el siglo VI renunciaron a su aislamiento étnico y planearon persuadir a las tribus árabes nómadas vecinas de ingresar en su proyecto mesiánico de reconquista de Jerusalén y la Tierra Prometida. El gran secreto del Islam es que originalmente el Islam no fue otra cosa que una alianza entre judeonazarenos y árabes, alianza en la que el rol principal correspondió a los judeonazarenos, que aportaron tanto la doctrina como la dirección del movimiento. En su origen, el Corán era un leccionario judeonazareno adaptado al árabe, es decir un conjunto de lecturas y comentarios de los textos sagrados de la secta que servía de apoyo al proselitismo judeonazareno entre los árabes. Atacaba con insistencia a los cristianos, llamándolos “asociadores” por haber “asociado” (supuestamente) al Hijo y al Espíritu Santo al único Dios. También atacaba al judaísmo rabínico (surgido después de Cristo), llamando “recubridores” a los judíos por haber “recubierto” en el Talmud los textos bíblicos referidos al Mesías.

Mahoma no fue un profeta, sino el líder político-militar de los árabes aliados a sus maestros judeonazarenos. No nació en La Meca, sino en Siria, en una tribu árabe. Aprovechando la relativa debilidad del imperio bizantino, en 613-614 la alianza judeonazareno-árabe intentó la conquista de Jerusalén sumando sus fuerzas a las de la otra gran potencia que disputaba el dominio del Medio Oriente con los bizantinos: los partos o persas. En 614 el ejército persa, apoyado desde adentro de la ciudad por una revuelta de los judíos, tomó Jerusalén y realizó una espantosa masacre, matando a unos 40.000 cristianos y deportando o esclavizando a otros 35.000. Los persas confiaron el gobierno de la ciudad a los judíos locales, frustrando el proyecto mesiánico de los judeonazarenos y sus aliados árabes. Pronto ambos grupos fueron expulsados de Jerusalén y de Palestina. En 622, el contraataque del emperador bizantino Heraclio impulsó a los judeonazarenos y sus aliados árabes a emigrar de Siria a Medina, en el norte de Arabia, donde había una fuerte comunidad judeonazarena. Esta huida (la Hégira) se convirtió luego en el año cero del calendario musulmán, pero la leyenda musulmana la transformó en una emigración de La Meca a Medina.

Mahoma murió hacia el año 632. Hacia 637, los Emigrados tomaron Jerusalén y comenzaron la reconstrucción del Templo edificando un gran cubo de piedra, mármol y madera, con la forma y las dimensiones del Sancta Sanctorum del antiguo Templo. La tradición islámica perdió luego ese recuerdo, designando al edificio como “la mezquita de Omar”.

“Los judeonazarenos invocan la figura del Mesías, apelan a su retorno. Pero el Mesías no vuelve. Los sacerdotes judeonazarenos intentan contemporizar con los guerreros árabes y sus jefes, impacientes de convertirse en los elegidos del nuevo Reino del Mesías Jesús. Pero pasa el tiempo y es forzoso reconocer que ellos han sido engañados. A partir de 640, los jefes árabes comienzan a dudar, comienzan a comprender: el mesías no volverá según el plan de los judeonazarenos, ellos han sido trampeados. Los maestros judeonazarenos son estafadores y traidores… Es la crisis en el seno de la umma [comunidad]. Pues bien, ¡que perezcan los judeonazarenos ya que no tienen un mesías ni un reino de los elegidos para dar a los árabes!

(…) Al eliminar a los jefes judeonazarenos, Omar ha matado dos pájaros de un tiro: no sólo se apropia de la conquista y del poder, sino que cree recuperar también el mando religioso. La intuición del islam acaba de nacer. Pero antes de que los elementos fundadores de su doctrina emerjan como tales se necesitarán casi 100 años –y antes de que se imponga y se estructure realmente, al menos dos siglos más.”2

Luego el autor describe la invención del Islam tal como lo conocemos hoy, basado en una manipulación de sus propios fundamentos históricos y religiosos, para justificar la dominación de los conquistadores árabes, borrando a los judeonazarenos. Se mantiene la idea de que los elegidos deberán dominar el mundo, pero ahora se identifica a los elegidos con los musulmanes árabes, descendientes de Abraham por Ismael. Más adelante se extendió esta noción, poniendo en pie de igualdad a todos los musulmanes (árabes y no árabes). Hacia 670 se construyó un santuario árabe en La Meca (en medio del desierto), atribuyendo su origen a Abraham e incluso a Adán. Los musulmanes dejaron de orar de cara a Jerusalén y pasaron a orar de cara a La Meca. Mediante la manipulación del Corán y la “industria” de los hadiths (recuerdos o comentarios de los primeros discípulos de Mahoma, textos exteriores con un discurso paralelo al del Corán) se atribuyó a Mahoma un rol de profeta eminente y de norma del Islam, recreando al personaje histórico y los eventos del proto-islam judeonazareno. Se alcanzó finalmente un número exagerado de más un millón y medio de hadiths, el equivalente a 137 hadiths por cada día de “vida pública” de Mahoma. En el siglo X se produjo la “cristalización” del Islam, con la sacralización absoluta del personaje de Mahoma y el fin del trabajo de reflexión teológica y de interpretación de los textos del Corán.

En el Capítulo titulado “Claves de lectura del discurso islámico a la luz de sus orígenes reales” el autor analiza primero algunas manipulaciones constitutivas del dogma islámico (pp. 94-104) y luego lo que el Corán dice veladamente del gran secreto del Islam (pp. 105-123). Esta última parte contiene muchos cuadros con tres columnas paralelas: la primera muestra uno o varios versos del texto recibido del Corán, la segunda muestra la interpretación musulmana “oficial” de esos versos y la tercera muestra su decodificación por medio del estudio histórico-crítico.

En la Conclusión (pp. 124-127) el autor reflexiona sobre el carácter totalitario del islamismo y su incapacidad para alcanzar los sueños mesiánicos de sus fundadores judeonazarenos, que han producido un Islam en guerra perpetua contra la humanidad, incluyendo la perpetua guerra civil entre musulmanes. El tiempo del Islam está contado, porque en algún momento deberá realizar él mismo su examen crítico. Como dijo Jesús: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.”3

En suma, El gran secreto del Islam es un libro apasionante, bien escrito, ordenado y documentado, con excelentes gráficos e ilustraciones. Ojalá pronto sea traducido al español.

1) Libro puesto a disposición por el autor, según la licencia Creative Commons Attribution 4.0 International, sin utilización comercial ni modificaciones, en: https://legrandsecretdelislam.files.wordpress.com/2020/09/le-grand-secret-de-lislam-2020.pdf.

2) Odon Lafontaine, Le grand secret de l’Islam. L’histoire cachée de l’islam révélée par la recherche historique, p. 48; la traducción del francés es mía.

3) Juan 8,32.

(Artículo publicado originalmente en: www.quenotelacuenten.org, 20/05/2016; republicado en una versión resumida en: El Observador, Montevideo, 17/07/2017).

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