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Nacionalismos

Daniel Iglesias Grèzes

¿Qué es el nacionalismo? El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) indica dos acepciones de la palabra “nacionalismo”: “1. Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia. 2. Ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado.” Por otra parte, el DRAE indica cuatro acepciones de la palabra “nación”, de las que citaré dos: “1. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno. (…) 3. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.” En síntesis, podría decirse que el nacionalismo es la idea de los integrantes de un pueblo que los impulsa a querer vivir juntos como nación, en un mismo Estado.

Supongo que la siguiente cuestión interesará a más de un lector: ¿El nacionalismo es compatible con el cristianismo? Desde el punto de vista de la moral cristiana, cabría distinguir entre un “nacionalismo bueno” (al que se suele llamar “patriotismo”) y un “nacionalismo malo”, que no respeta el deber moral de amistad y de justicia hacia las demás naciones del mundo.

Los principios de solidaridad y de subsidiariedad, propios de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), se aplican en todos los niveles, incluso el nivel internacional: todos somos responsables de cada individuo, pueblo y nación (solidaridad); pero lo somos dentro de un orden en el que cada individuo, pueblo y nación conserva su propio ámbito de libertad, de tal modo que los organismos internacionales no existen para absorber o eliminar los Estados nacionales, sino para ayudarlos a alcanzar de un modo más fácil, completo y perfecto su propio bien (subsidiariedad).

El mandamiento divino del amor al prójimo se aplica a todos los seres humanos; pero es obvio que mis deberes para con mis hijos son mucho mayores que mis deberes para con los hijos de mi vecino. Tengo la responsabilidad directa y primaria de mantener y educar a mis propios hijos. En cambio, con respecto a los hijos de mi vecino esa responsabilidad no es mía, sino de mi vecino. Mi responsabilidad hacia ellos es generalmente subsidiaria e indirecta. Este principio fundamental, que es tan evidente en el nivel de las familias, se aplica también analógamente en el nivel de las naciones. Se debe respetar la soberanía de cada nación, y ayudar a las demás naciones en caso de que esa ayuda sea necesaria o conveniente. Como solía decir un santo del siglo XX: “Que cada palo aguante su vela”.

Así como, si se respetan los principios de solidaridad y subsidiariedad, el amor especial de cada ciudadano por su propia familia no impide sino que favorece la unión de todos los ciudadanos en una sola nación, así también los nacionalismos o patriotismos de los distintos pueblos no impiden sino que favorecen la unión de todas las naciones en una sola humanidad. Por lo tanto, no es correcto, como suele hacerse hoy en día, identificar el nacionalismo con la xenofobia, el racismo o el imperialismo, aunque algunas formas de nacionalismo estén en mayor o menor grado contaminadas por esos elementos negativos. Más aún, dentro de ciertos límites razonables, tampoco esa contaminación obliga a descartar totalmente los nacionalismos contaminados. También en esos casos es preciso usar el discernimiento para separar la paja del trigo y para no tirar al bebé junto con el agua sucia de la bañera.

Conviene tener presentes estas nociones básicas al evaluar el actual y creciente conflicto político entre el “globalismo” (o internacionalismo) y el nacionalismo, o mejor dicho los nacionalismos. Es preciso reconocer que la globalización, pese a sus muchos aspectos positivos, trae consigo también aspectos negativos, que suelen ser minusvalorados por los “globalistas”, es decir los partidarios de la globalización a ultranza. Estos a menudo son liberales que sueñan con un mundo sin fronteras, donde circulen con total libertad los bienes, los servicios, las personas, la información, el dinero, etc.

La DSI nos invita a valorar la libertad económica sin idolatrarla, reconociendo tanto sus ventajas como sus desventajas. Consideremos por ejemplo el caso de las migraciones. Es cierto que existe un derecho a emigrar (y también —no lo olvidemos— un derecho, aún más fundamental, a no emigrar), pero no existe el deber moral y legal de una nación de acoger una inmigración masiva de un modo totalmente indiscriminado, independiente de su magnitud cuantitativa y de cualquier característica de los inmigrantes. Por razones prudenciales, todo Estado tiene derecho a regular de un modo justo la inmigración, de modo de respetar tanto los derechos de los inmigrantes, hacia los cuales tenemos como nación una responsabilidad subsidiaria, como los derechos de los ciudadanos naturales del país, hacia los cuales tenemos como nación una responsabilidad primaria. Por lo tanto, no puede calificarse a priori como anticristiano cualquier intento de eliminar la inmigración ilegal o de disminuir la inmigración legal. Cada propuesta debe ser estudiada con base en los principios de la moral social y teniendo muy en cuenta las circunstancias concretas del país y del momento presente.

(Artículo publicado originalmente el 07/11/2018 en el diario El Observador de Montevideo, bajo el pseudónimo “Bonifacio de Córdoba”).

Una respuesta a “Nacionalismos”

Muy buen y logrado trabajo Daniel.
Casualmente en alguna oportunidad me he planteado que se trata de una cuestión de una gran casuistica.
Ejemplo. Hoy estamos atomizado de venezolanos y cubanos.
Han huido de la miseria, la degradación y del mas feroz ataque a la dignidad humana.
¿Como es posible se le pueda negar su ingreso y permanencia en nuestro pais que siempre ha tenido una política abierta en ese sentido.
No es alabando la dictadura de Maduro o la de la eternidad cubana como lo hacen el PIT CNT y los secuaces distraídos del FA, sino dando acogida como verdaderos cristianos a los necesitados que han sufrido un duro ataque a su dignidad.
Pero insisto. No es una cuestión fácil.
Depende entre otros factores de la realidad socio-politica, económica y política de cada país.
No puedo quedar sino asorado cuando Maduro dispone el aumento de un 300% en el salario minimo nacional cuyo monto no menciono porque conforma otro de los gravisimos vilipendios a la persona humana.

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