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La gran apuesta de un ecologista y un economista

Daniel Iglesias Grèzes

Después de la II Guerra Mundial, el neomalthusianismo fue ganando espacios en los medios de comunicación social, causando una alarma pública sobre la presunta “explosión demográfica” e influyendo cada vez más en las políticas gubernamentales. Se empezó a asociar el crecimiento demográfico y la crisis ambiental, y cundió el pánico sobre una próxima catástrofe ecológica que sería causada básicamente por la superpoblación. El control de la natalidad, propuesto como solución principal, encontró una aceptación popular creciente. En ese período se describió por primera vez a la humanidad como un cáncer en el cuerpo del planeta y se propusieron ideas tales como una licencia para tener bebés, cuya unidad sería el “deciniño”. Una acumulación de diez deciniños por compra, herencia o donación permitiría a una mujer tener un hijo legalmente.

El entomólogo estadounidense Paul R. Ehrlich (1932-), especialista en mariposas, dio un gran impulso al catastrofismo neomalthusiano con su best-seller de 1968: The Population Bomb [La bomba de la población]. El autor presenta su visión alarmista en el prólogo del libro: “La batalla para alimentar a toda la humanidad se ha acabado […] En la década de los 70 y 80, centenares de millones de personas morirán de hambre a pesar de cualquier programa de choque que se emprenda ahora. A estas alturas nada puede impedir un sustancial incremento en la tasa de mortalidad mundial, aunque muchas vidas podrían ser salvadas mediante drásticos programas para ampliar la capacidad de la tierra incrementando la producción alimentaria y distribuyendo más equitativamente el alimento disponible. Pero estos programas sólo proporcionarán un aplazamiento a menos que se acompañen con esfuerzos decididos y exitosos de control de la población.”

Ehrlich hizo muchas predicciones catastrofistas, como por ejemplo que la India estaba esencialmente condenada al apocalipsis demográfico y que Inglaterra no existiría en el año 2000. Para evitar esa catástrofe, propuso varios métodos coercitivos de control demográfico, por ejemplo la adición de sustancias anticonceptivas en la comida. Ninguna de esas predicciones catastrofistas de Ehrlich se cumplió, ni siquiera remotamente.

En 1980, el economista estadounidense Julian L. Simon (1932-1998) desafió a Ehrlich por medio de una apuesta. Según el neomalthusianismo, las materias primas del planeta serían cada vez más escasas con respecto a la población, por lo que sus precios aumentarían. Simon apostó mil dólares que cualquier materia prima que Ehrlich eligiera no subiría de precio, descontando la inflación, en cualquier período mayor que un año. Ehrlich bromeó diciendo que Simon era la prueba de que “lo único que no se está acabando en la Tierra son los idiotas”. Aceptó la apuesta y, aconsejado por su amigo John P. Holdren (posteriormente asesor principal del Presidente Obama en ciencia y tecnología), eligió una combinación de cinco materias primas (cobre, cromo, níquel, estaño y tungsteno) y un período de diez años. De 1980 a 1990 la población mundial creció en más de 800 millones de personas, el mayor crecimiento registrado hasta ese momento en una década. Sin embargo, en 1990 Ehrlich perdió la apuesta de un modo aplastante: descontando la inflación, los cinco materiales seleccionados bajaron de precio; y algunos precios bajaron más de un 50 %.

En esencia, Ehrlich y Simon veían a los seres humanos, en relación con la economía, de dos formas contrarias: Ehrlich (como Malthus) los ve principalmente como una carga, mientras que Simon los veía principalmente como activos productivos, porque en general la gente encuentra o crea más recursos que los que consume. Para cuestionar la visión malthusiana de la economía, Simon solía preguntar a los estudiantes: “¿Por qué el PBI per cápita de la nación aumenta cada vez que nace un ternero, y cae cada vez que nace un bebé?” Buena pregunta. Quizás necesitemos una medida mejor de la economía…

Concluyo con una nota de historia de la Iglesia. En los años 80 del siglo XX Julian Simon fue recibido por Juan Pablo II, lo cual lo llenó de orgullo. Solía decir: “No son muchos los muchachos judíos de Nueva Jersey que son invitados a tener una audiencia con el Papa”.

A principios de 2017 tuvo lugar en el Vaticano una conferencia sobre la extinción de especies, organizada por la Pontificia Academia de las Ciencias y la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales. Paul Ehrlich, catastrofista impenitente, participó como expositor. Desde el mismo centro de la catolicidad, Ehrlich abogó por la anticoncepción y el control de la población como herramientas esenciales para el “desarrollo sostenible”, sin que nadie lo contradijera. Más aún, el obispo argentino Marcelo Sánchez Sorondo, Canciller de las dos Academias citadas, alabó el papel de la educación para evitar las familias numerosas.

¿Un signo de los tiempos? Respondo con un lema de los monjes cartujos: “La Cruz permanece en pie, mientras el mundo gira”.

(Artículo publicado originalmente el 22/05/2018 en el diario El Observador de Montevideo, bajo el pseudónimo “Bonifacio de Córdoba”).

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